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¡Ay, Señor
de los Temblores!
Taytacha Temblores
un repicar de campanas
inunda el cielo cusqueño.
Hay un pregón de palomas
i purpúreas flores de ñujch'u
una suave música de querubes
se escucha en los Andes dormidos.
Las viejas calles se visten
con indios de rostro triste,
de ponchos y colorines...
Donde se nota la queja
que refleja la agonía,
de un alma atribulada.
Las veredas y los parques,
se engalanan con tapices
de rojos y ardientes ñujch'us.
En el ambiente y en el espíritu,
se hace la luz y la paz
y un raro canto de gloria,
inunda los cielos cusqueños.
Los campos de las serranías
a florecer se prodigan,
hacen de los ñujch'us el éxtasis,
más noble y más sublime.
El Templo de la Catedral,
más refulgente brilla
y se percibe en la noche,
como una estrella fugaz. |
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A través del aromático
incienso
parece emigrar el alma,
a las regiones sagradas
de los que habla la Biblia.
¡Ay Señor de los Temblores!
del lacerante rostro moreno,
ya invaden ríos humanos
por todas las avenidas.
Los llantos, las quejas
i las campanas...
parece que al celeste cielo,
volaran juntas y unidas.
Entre incienso y velas,
mudos los hombres meditan
y entre una lluvia de ñujch'us,
las mujeres se persignan.
Se ve mezcla de colores;
piel blanca, morena,
negra y cobriza,
los labios están orando
llorando están las pupilas.
Entre humos de incienso
i entre ñujch'us
que agonizan,
la sacrosanta
imagen penetra
en el corazón
del pueblo. |