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Llega para el corazón de
Cusco, el latido místico de la Semana Santa, de los fervores,
del incienso azuloso i las ceras lloronas. De las procesiones,
del ayuno… Para el pueblo cusqueño, no ha muerto el embrujo, aún
vive i florece, la fe profunda del pueblo. La mixtura de razas
se mezcla, en su canto emotivo.
La procesión del Lunes Santo, donde sale el Taytacha Temblores
de la Basílica Catedral, acompañado de millares de fieles, que
se postran reverentes ante Él, contándole sus cuitas i arrojando
sobre su venerado rostro flores de Ñujch´u purpurino que crece
solo en los altos riscos. Muchos han arriesgado sus vidas por
las mismas i otros también han muerto al resbalar, en las
piedras de los precipicios. El escultor no hizo un Cristo
yaciente, sino una imagen en la que genialmente captó el supremo
dolor de la agonía, donde se puede advertir, aún un ramalazo de
fiebre en sus mejillas, apreciándose un toque de resignada
grandeza, mientras en un costado, se advierte una herida abierta
que da la impresión, que por ahí saliera la sangre…
Taytacha Temblores, como lo llama el pueblo, se ha enclavado
profundamente en lo más íntimo del corazón i de la esperanza, de
los actuales habitantes de la Capital del Inkario. Se puede
decir que ese Cristo, vivió muchos años en el olvido, por más de
cien años, hasta que surgió en la cumbre del espíritu de los
fieles, elevándose sobre el temor i la desesperación que originó
el terremoto del 21 de mayo de 1650. Mientras las casas
coloniales de adobe caían i las de piedra de los emperadores
quechuas permanecían impertérritas, surgió dentro de la
multitud, a manera de un grito ululante, la plegaria: "Vamos a
la Catedral a ponernos de rodillas ante el Señor". Otros fueron
más adelante i sacaron la Imagen hasta la Plaza i en ese mismo
momento la tierra dejó de sacudirse. Ahí nació la fe por ese
Cristo Moreno, que inmediatamente fue denominado como Señor de
los Temblores, Patrón Jurado de Cusco. |
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