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Yuraq Sara es la
legendaria princesa del Maíz, que era objeto de culto i
admiración de los antiguos peruanos. Sus fuentes eran las más
tiernas del mundo andino, donde era motivo, así mismo , de
admiración de sus cabellos largos i sedosos constituían motivo
de inspiración para los harawikuq o poetas del inkario, quienes
alababan es todos los tonos su hermosura, su donaire i
gracilidad.
Yuraq Sara fue una doncella, hija de un kuraka que se había
establecido en el Valle Sagrado de los Inkas, a las orillas del
cadencioso Willkamayu. Se dice que su belleza era tal que
opacaba al propio esplendor de la aurora. Todos los que la
miraban quedaban prendados de ella i daban gracias al dios Inti,
por haber permitido que tan dulce criatura llegara a este mundo.
Su padre vivia orgulloso de ella. Se daba cuenta de que era un
verdadero regalo de los diose i soñaba un destino esplendoroso
para su bella hija. A su vez la encantadora niña se daba cuenta
de la admiración que despertaba a su paso, pero tenía la
convicción de que su futuro no era el de estar dentro de su
pueblo, sino en el Aqllawasi para convertirse luego en una dulce
virgen del Sol. Su padre compartió gustoso los deseos de su
tierna hija i cuando cumplió 15 años, envió un mensajero para
que preguntara al willaq uno o sumo sacerdote, si podía
incorporarse al grupo de vestales a la máxima divinidad del
Inkario; el dios Inti.
Yuraq Sara esperaba ansiosa la respuesta, pero sus sueños de
niña fueron turbados al notar la mirada libidinosa del brujo de
la zona; un hombre de torvo mirar, tez amarillenta i boca
lujuriosa. Pronto adivinó que ese indeseable buscaba la
oportunidad de hacerla suya, lo que no solo la escandalizaba
sino que hería, como un dardo ponzoñoso, su alma pura. Kuro, el
brujo, buscaba constantemente hablar con ella o sorprenderla
cuando estaba sola en el campo. La muchacha corría espantada al
verlo i buscaba el consuelo i la seguridad de los brazos de su
madre. Pero el asedio era constante. Yuraq Sara optó por contar
lo sucedido a su padre, quien no le creyó simple i llanamente,
por que admiraba i respetaba al brujo. "Son pensamientos i
temores de una niña inocente", decía.
Desesperada la niña, se levantó un día, muy de mañana, esperando
la aparición del dios Inti. Apenas el astro rey comenzó a hacer
brillar los campos i corazones con sus rayos de ensueño,
alegrando la tierra con su calor, Yuraq Sara se puso de rodillas
i con lágrimas en los ojos, temblorosa i esperanzada imploró: "¡Oh,
Padre Inti, ayúdame! Mi cuerpo, mi espíritu, mi corazón, te
pertenecen. No permitas que el brujo se adueñe de mi voluntad.
Quiero vivir pura por siempre, dedicada a ti. Compadécete de
quien solo quiere ser una virgen más dedicada a tu culto, para
rendirte homenaje eternamente". El Padre Sol se conmovió con la
sinceridad de la niña. La vio tan hermosa que se dio cuenta que
era aún más bella que la más pura de las flores o t'ikas que
crecen i se contornean ansiosas, a la vera del dulce Willkamayu,
llenando de pureza, magia i amor a los seres vivientes.
Se dio cuenta también que debía actuar rápidamente si es que
quería salvara la doncella. Kuro, ya había puesto en march sus
brujerías para convertir a Yuraq Sara en su víctima. Entonces
decidió convertirla en planta de maíz,haciendo que conservara
todos sus dorados cabellos, su talle flexible i su corazón
inmaculado.
El brujo lanzó una blasfemia al darse cuenta que la niña no
podría ser suya, al menos como una mujer, pero llevado por su
pasión enfermiza, quiso confundirse de todas maneras con el
cuerpo de la niña i se convirtió en el gusano que destroza el
maíz tierno; pero no consiguió su objetivo, porque una amiga
entrañable de la niña, la hermosa paloma llamada Sumaq Urpi,
voló hacia el dios Inti i le contó la nueva infamia del brujo.
El Astro Rey, se enfureció i ordenó a la tierna avecilla, que
sacara del hermoso tallo al gusano. Una vez que cayó al suelo lo
fulminó con un ardiente rayo. Así, Yuraq Sara pudo vivir feliz i
sin peligro. |
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