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Machupikchu,
poema de piedra
lanzado hacia las estrellas,
alarido del Inkario
petrificado en el infinito,
luz refulgente
en piedra edificada.
Tus orquídeas,
son un beso de colores
i tus begonias,
sangrantes farallones,
en la fisura de tus muros,
los helechos descansan en paz. |
Mora el cóndor,
alucinante i altivo
i el culto del indio,
lo lleva el viento fuerte
i lo esparce…
Mientras las nubes descansan
en tus alturas insondables,
revive en mis venas,
tu pasado glorioso,
mi origen i mi linaje. |
Bebe mi sangre de poetisa
i reza la Ciudad del Sol,
la canción de tu dulce Willkamayu
i el resplandor níveo
de tus cumbres nevadas.
Por tus piedras sagradas
miro la gloria de mi raza,
i quiero impregnarme toda
con la ardiente sangre de tus ritos,
mientras duermen por siempre,
un sueño místico tus piedras. |