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Detener el tiempo en la edad que el niño, es una gotita de agua sorprendida de vivir. Es volver al tiempo cuando la madre, era una isla de ternura y los niños tenían el encanto de las rutas del trompo, del osito de chocolate, de la muñequita de trapo o del trencito travieso y juguetón, o del misterio de una bolita de cristal, o el vuelo de una cometa azul. Es volver a vivir la marcha de los grillos, sobre la hierba |
verde, muy verde. Es sentir en el oído, el balbuceo de sus primeras palabras, en un coro de risas. Es volver a ver la boca del horno, del cual van saliendo las caritas de crujiente pan. Es volver al mundo mágico y etéreo, donde el niño permanece unos años y lo recuerda con emoción, como es la "edad de los redonditos". |
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(Luz Samanez Paz / Apurímac - Perú) |
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